Lo bueno de llover (de llorar)
Eran las 20 horas y el concierto en la Cantina estaba repleto, la gente apretada no quería salir a la lluvia que esperaba atenta afuera (sólo los fumadores hacían el esfuerzo). La sala 1 de la Cinémathèque de Toulouse estaba repleta también, un par de asientos quedaban libres, y mientras la lluvia mojaba el techo, el público atento esperaba que los actores hablaran (o lloraran). El llanto se presentó oculto tras la puerta del baño de una discothèque de Barcelona. Llover y llorar son actos que siguiendo la ley de la gravedad cumplen una misma lógica, ciertamente con un gesto intimista. La película continuó sin llantos y con algunas risas tensadas por la imposibilidad de romper una relación. Al amanecer catalán – con esa imposibilidad ratificada – se cerró la película de Matías Bize, y la gente salió de la sala cortando en un papel su percepción de la película en competición. La lluvia afuera seguía sin ser oculta (como el llanto), aunque el concierto hubiese acabado. Algo bueno tiene llorar, y también que llueva en los días que comienza el festival.Francisco

Francisco!!! qué suerte que estai en Toulouse!!! Dicen que está super bueno ese festival…No llorí que aquí te queremos mucho. Pasala bien.
Francisco!!! de nuevo te escribe Lila, te pido si me traí un poco de queso roquefor